domingo, 25 de julio de 2010

Wetamir XXVIII - Respect

Uno de los factores que marcan la diferencia aquí, en todo este cenagoso terreno de las relaciones sociales, los egos y la autoafirmación a través del desprecio al prójimo es la DESCOMUNAL diferencia entre hombres y mujeres en estos ámbitos.


Para una mujer soltar alguna crueldad o bordería, pararle los pies con malicia a alguien que considera "no apto" o humillar a un galán no deja de ser parte de un juego, porque para una mujer el acceder a sexo es tan fácil como jugar al parchís. Es un juego, es divertido, es relajante y no hay ningún agobio en ese tema.



Para un hombre entrar en círculos sociales con un objetivo TAN JODIDAMENTE CRUCIAL como es satisfacer un apetito BÁSICO y con una influencia tan significativa en su autoestima es una lucha constante. No es un juego, es algo serio que puede convertirse en una fuente de frustración, puede originar un jodido drama existencial y, desde luego, es un motor para tener que mejorarse constantemente, para ofrecer un mejor producto, para ser mas apto, mejor.

Cuando un hombre se adentra en un círculo social desde el puto minuto cero tiene que luchar, pugnar y medirse con todos los demás solo para no ser humillado, porque no hay mejor método para ganar puntos en semejante pocilga de egos que humillar a un rival. Eso es tan primario, tan orgánico y transmite una señal tan cruda que el ser humano lo seguirá haciendo siempre.

Solo para conseguir respeto el hombre tiene que demostrar que está al mismo nivel o por encima de todos los demás, solo así, y mas le vale no cagarla para no ser carne de humillaciones.
El último nivel, la meta final, el objetivo total es ya una demostración evidente de que ese hombre está manifiestamente por encima de todos los demás para así poder acceder a un coño.

Y ¿cómo es esto en el ámbito de las féminas? Os lo digo yo. Una tía solo tiene que ponerse un vestido para gozar de toda la aceptación social, aprecio y bienvenida en cualquier círculo social. No tiene que esforzarse, no tiene que medirse. Como mucho, y esto es culpa de las propias zorras, tendrá que andarse con cuidado con sus amigas zorras, porque entre ellas se meten mucha caña por pura envidia. Pero a los tíos los tiene ganados desde el minuto -1.

¿Existe ahí una motivación, un motor de mejora constante para la mujer? No existe una mierda, en el terreno sexual NO. No hay una reducción de endorfinas en su hipotálamo que la haga subirse por las paredes de frustración y esto la haga buscar ser apta, "¿qué coño es buscar ser apta si lo soy desde que nazco?", ese caso no se da en las mujeres, Y POR ESO MISMO, las mujeres no se han esforzado en nada durante milenios, no ha habido nunca una cantidad significativa de mujeres tirando del carro de la humanidad en toda la puta historia.
Porque no tienen que hacer NADA, porque esforzarse para una mujer es humillarse.

sábado, 24 de julio de 2010

Falocrata XIII - quote II


Todofluye I - En Marilyn

Norma Jean, aka Marilyn Monroe, sigue haciendo daño después de muerta, cual Cid Campeador.

Fue la primera mujer en la historia aplaudida por comportarse públicamente como una ramera. Más que la novia de América, debieron llamarla la calientapollas de América. Hasta entonces a las actrices se les exigía una elegancia total. En lo sexual se podía sugerir, nunca ser explícito. Nada que fuese chabacano, como hacía la Marilyn.

De su etapa de ascenso se sabe que comió pollas por centenares. Que enseñaba sus tetas en fiestas de gente importante. Hay incluso alguna grabación pornográfica. No digo que fuese la única, pero si fue la única en trasladar esa actitud a la pantalla. Su talento como actriz consistía siempre en interpretar a una zorrita que calentaba al pagafantas de turno, enseñando todo lo que la estricta censura de aquel tiempo permitía.

Fue una auténtica precursora del lorealismo. De predicar públicamente que el valor de su potorro era incalculable y merecía que los hombres la gratificasen con diamantes por él.

Eso sí, parece que ella misma se daba cuenta de lo que había hecho y sentía cierto arrepentimiento. Se caso con un tipo de hombre muy alejado de la fauna de Hollywood, un intelectual con un físico del montón en lo que parece un intento desesperado de escapar de esa vida, o al menos así lo veo yo. Dicen que su desgracia fue que ni era rubia, ni era tonta.